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El Dios Pariacaca

Señor del sol, de las lluvias y de la fertilidad, también señor de los pastizales naturales, de los frutos silvestres y de los animales salvajes. El culto al nevado de Pariacaca pertenece a la religión del hombre prehistórico con 12,000 años de antigüedad en la cuenca del río Cañete.

La mítica montaña bicéfala del Pariacaca de 5724 y 5570 msnm da origen directa o indirectamente a cinco ríos, Cañete, Rimac, Mala, Lurin y Mantaro. Su presencia controla el clima y la supervivencia en los valles de influencia.

Durante muchos siglos diversos grupos humanos alimentaron con fervor religioso este centro magnético, rindiendo culto a los Dioses primitivos de América; en estas montañas existen evidencias arqueológicas y cuevas misteriosas ocultas bajo la nieve que son testimonio de antiguas iniciaciones pertenecientes a las logias de la montaña.

Curiosamente el programa de cooperación científica mundial ha determinado la existencia de una fuente natural de energía cósmica en una franja semejante a un anillo que envuelve a la tierra a cien kilómetros de la superficie. Esta energía concentrada del cosmos es lanzada al planeta a manera de chorros a través de algunas montañas prominentes, estas que tienen la marca que distingue el lugar como sagrado y que ayuda a la evolución espiritual del hombre.

A las 10 de la mañana del 27 de abril de 1610, los padres Francisco de Avila, Olmedo y Fabián de Ayala a la cabeza de doscientos peones destrozaron el ancestral adoratorio del mítico Pariacaca, en un acto culminante de la cruzada emprendida por los extirpadores de idolatrías del siglo XVI y XVII.

Hoy solo queda la escalera de 1800 escalones, incrustada en una de las cimas del mundo, construida por la fe de millones de creyentes durante miles de años. Su altura es equivalente a un edificio de cien pisos, esta hecha de miles de bloques de piedra y en algunas secciones llega a tener cuatro metros de ancho. En la base de la escalera se encuentra Cuchimachay donde hay pinturas rupestres representando camélidos de unos diez mil años de antigüedad.

En tiempos de la civilización andina era un camino importante en que partiendo del Jatunjauja (jauja), unía el adoratorio del Pariacaca con el santuario de Pachacamac, hoy una ruta ecoturística redescubierta por los peruanos, que al igual que los antiguos peregrinos buscan colectiva e inconscientemente despertar la emanación cósmica para activar sus propios centros de energía. El peregrinaje a la montaña del Pariacaca es pues además de una aventura espiritual, una conexión con la fuente.

Paullo, 15 de agosto de 2003